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domingo, 4 de agosto de 2013

EL MAMERTO, XI

XI Amanecí con un dolor rarísimo, que me empezaba en el cachete izquierdo y seguía en la nuca, y de ahí saltaba hasta el muslo derecho. El compa Efigenio estaba preparándome un remedio. El mejunje olía bastante mal, pero yo como que no podía moverme y me resigné a recibirlo. El comandante Macario y la compañera R estaban muy preocupados. Me miraban, me tocaban la cabeza, me hablaban. El comandante, al ver que abrí los ojos y los saludé hasta con cariño, porque olvido fácil las ofensas (en realidad me olvido de todo, por eso nunca fui bueno en los estudios), me pidió disculpas (el nunca pide perdón, porque dice que es una palabra religiosa) y me dijo que me iba a llevar el siguiente mes a Cuba. Que me lo merecía. Para sorpresa mía, Efigenio no me dio a comer el mejunje que había preparado. Me lo echó en la cara. Primero sentí alivio, y gratitud hacia el compadre. Pero luego sentí envidia. ¿Qué se está creyendo?, ¿por qué no se comporta como un comunista? Sentí envidia porque el maldito era un campesino analfabeto y jodido, que aguantaba hambre, y gracias a mí llegó al partido, y ahora estaba demostrando que era mucho más capaz que yo, que sólo le faltaba una buena educación. Me da rabia ver mi propia incapacidad. Soy un perdedor. Sí, fui licenciado en Biología, dicté clases, hasta fui rector de un colegio. Pero no he hecho nada en la vida. No me conoce nadie. No me quiere nadie, ni siquiera mis hijos. ¡Malagradecidos! Y después de retirarme comprobé que ni mis estudiantes me querían, porque decían que era un viejo amargado. Mis colegas menos, y eso que como rector siempre fui intachable. Bueno, es un decir. Me abrieron dos disciplinarios por uso indebido de fondos, y al final me echaron porque dejé preñada a la profe de Literatura y luego la hice abortar. La vieja me cargó bronca y me demandó. Pero eso ya está en el pasado. Ahora sí estoy haciendo historia. Al menos haciendo esta historia del partido. Me cae mal Efigenio. ¿Ahora se cree doctor, el malnacido? Me dice que me tome dos ibuprofenos cada doce horas. Sí, seguro quiere hacerse médico. Ahí sí sería igualito al Guevara ése, al que tanto admira. Yo sí me quedo con Stalin. Disciplina, obediencia, organización. Eso es lo que le falta a Colombia. Me falta a mí, fíjense. No voy ni por la página 20. Es que me distraigo mucho, y este Trotski como que divaga.