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domingo, 4 de agosto de 2013

EL MAMERTO, X

X El comandante Macario se va de nuevo a La Habana. Lo tiene muy triste la muerte de Chávez. Él me corrige y me grita que es el camarada Hugo Chávez, Presidente de la República Bolivariana de Venezuela y creador del ALBA. La única Alba que conozco es mi tía, y no sé por qué cree mi comandante que es irrespeto llamar a Chávez por el apellido, si él hizo siempre lo mismo con todos los demás mandatarios. Y lo de presidente no me lo creo. Era un dictador. Sólo que sabía disimular. Y no sé porqué metía al pobre Simón Bolívar en su cuento, si Bolívar era un tipo muy distinto, y de otra época. Pero no quiero ofender al comandante Macario. Yo quiero ser Secretario General. Quedarme con la finca del vecino. Tener comidas elegantes. Vestirme bien y andar en limusina, como los actores famosos. Ser fotografiado. Ser reconocido. Es que me falta mucho amor, créanme. Ayer cumplí años, y nadie se acordó. Sólo los compañeros. No me cayó nunca bien Chávez porque no hacía las cosas de frente. Stalin sí era transparente: iba matando al que lo miraba feo, no le daba miedo asumir que era dictador, decía lo que pensaba y lo decía pocas veces, porque era muy prudente. En cambio Chávez era dicharachero y habla mierda, metía la pata por imprudente, no guardaba la compostura y mandaba a matar por el ladito, disimulando, haciéndose el pendejo. Así no son las cosas. Seré mamerto, pero no veletas. No me gusta la hipocresía. Aunque me toca guardarme algunas cosas. Por ejemplo ahora, que me estoy aguantando el regaño. El comandante Macario me estaba dictando una carta al comandante Fariña, en la que le expresaba su “más sentida condolencia” por la pérdida (¿?) de Chávez, y se embejucó por lo que dije, sí, porque le dije “Chávez” al marrano ése. Se le multiplicó la bronca que traía. Me insultó, me trató de estúpido, de “boñiga pequeñoburguesa” (el apodo me llamó la atención, para qué, el comandante Macario tiene ingenio), y me dijo que fuera a lamerle el trasero a los gringos. Total me fui como azorando, empecé a sudar y sólo atiné a excusarme. Me puse otra vez tartamudo, mientras él puñeteaba la mesa y me gritaba que era el más idiota de los idiotas. Yo estaba pensando que la había sacado barata, que algo bueno tenía ser el más destacado en algo, aunque fuera como Rey de los Idiotas, pero ahí me perdí…sentí como un chaparrón de agua helada y me caí…