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domingo, 4 de agosto de 2013

EL MAMERTO, IX

IX El compa Efigenio me tiene asustado. Aprendió a leer y devora libros que da miedo. Y envidia, claro. El desgraciado salió más inteligente que yo, al parecer. El comandante Macario le exige: que libros de guerra de guerrillas, que fabricación de explosivos, que manejo de armas, y Efigenio responde. Lee a lo loco, sobretodo a un tal Guevara. A mí me da como vergüenza, porque no he podido ni con el libro que me recomendaron. Dicen que no hay mejor partidario que el que es bruto y decidido. Y Efigenio cumple con ambas condiciones. Trabaja como bestia. Yo lo he visto sudar la gota fría, jadeante, y seguir con la faena. Además se instruye, como dice él, escuchando la emisora que montó hace poco el comandante Fariña, un venezolano amigo del comandante Macario. Me está dando piedra ver el avance de Efigenio. ¿Cómo se atreve a superarse? Eso de estudiar, esforzarse y salir adelante es muy burgués. Si somos comunistas, se trata de estar todos en el mismo nivel, ¿no? Aquí sigo escribiendo la historia del partido, para demostrarles a mis compañeros que no me quedo atrás. Sí, señores. No me quedo atrás. Si Efigenio no tiene en cuenta aquello de “o todos en la cama o todos en el suelo”, pues no me dejo ganar. A mí la Secretaría General no me la quita el iguazo ése. Lo malo es que a veces se entrelaza la historia del partido con mi propia historia, y con otras historias. Pero ya les dije que no soy Trotski. Como les venía comentando, a veces veo a la compañera R y me entran unas ganas rarísimas, impensables hace unos años. Debe ser la soledad. La compañera R es fea, objetivamente hablando. Tiene el pelo como empolvado, y lo usa corto como un hombre. De hecho se parece al senador Robledo. La nariz ya está medio torcida, me imagino que de tantas peleas en las que se mete. Tiene los ojos cansados, y la mirada triste. Aunque es flaca también está floja de cueros, y se le hace papada, y tiene arrugas hasta en el cuello. Pero así es la vida. No me gustaba y ya me está gustando. Es que tanto tiempo solo hace que uno hasta baje el nivel de exigencia.