domingo, 28 de julio de 2013

¿Por qué nos aburrimos en la Escuela?

David Alberto Campos Vargas, MD* Las ideas y la creatividad son la clave para triunfar en el siglo XXI porque nos encontramos en una era en la que el consumo y los servicios son más importantes que la producción industrial lineal y masificada. En este sentido, ya hemos pasado a ser una sociedad neoposmoderna, como me gusta denominarla (1), en la que la información y el cómo se transmite dicha información determinan claramente el éxito vital de individuos y comunidades. Ya hace rato que la sociedad típica de la Revolución Industrial (que duró hasta la década de 1960 aproximadamente) producción en masa cedió su importancia a la sociedad del consumo, como bien aclaran Vattimo y Lyotard (2,3); ya lo importante no es formar obreros-empleados en la escuela; ya no se trata de dar en la escuela “herramientas útiles” para que el estudiante sea un futuro trabajador asalariado (de fábrica o de empresa), sino de favorecer en el sus potencialidades creativas. El niño que eduquemos en la creatividad y, en ese orden de ideas, en la producción de ideas nuevas, es el que podrá sobrevivir en los siglos XXI y XXII. La sociedad estará cada vez más deseosa de encontrar novedades para el consumo, y dichas novedades son las que van a ser creadas, inventadas e imaginadas por mentes frescas y aptas para lo creativo. Por eso en la actualidad vale más un Steve Jobs o un Bill Gates que un John Rockefeller o un Henry Ford. Hemos pasado del paradigma del “hombre de empresa” (el burgués industrial) al “inventor”. Uno de los errores crasos de los sistemas educativos aún vigentes en todo el mundo es el de haber minusvalorado lo artístico y creativo; otro grave error es el de haber disociado emoción de intelecto. Por eso, la educación tradicional siempre ha valorado las matemáticas y las ciencias y ha menospreciado la educación (por no hablar de la creación, menos estimulada aún en los estudiantes) artística. Se le ha rendido culto al “conocimiento objetivo” que pretende ser el conocimiento científico (cosa además imposible, porque ningún conocimiento es ni será 100% objetivo). Así es que, por desgracia, la parte emocional de los procesos de aprendizaje se ha descuidado muy burdamente en la educación. Y la psiquiatría, la psicología y las neurociencias en general nos han demostrado que los factores motivacionales, volitivos y afectivos son tal vez los principales a la hora de optimizar los procesos de enseñanza-aprendizaje. Los seres humanos aprendemos mejor cuando nos emocionamos, cuando nos involucramos afectivamente (4,5,6). Es decir, aprendemos mejor no cuando aprendemos de memoria, sino cuando aprendemos haciendo (7). Evidentemente, hay que transformar la escuela de arriba a abajo en el sentido en el que se requiere una transformación total, en todas las instancias educativas. Esto es, desde los lineamientos políticos y jurídicos de los gobiernos (y, respectivamente, de los Ministerios de Educación y Cultura), pasando por las secretarías de educación y las gobernaciones, los dueños de colegios y rectores, los directivos, los docentes, los estudiantes, los padres de familia y la comunidad (que, aunque se suelen hacer los desentendidos, son un engranaje fundamental si se pretende realizar un cambio en el sistema educativo). Se tiene entonces que realizar una revolución educativa de manera organizada, coherente, estructurada, con una planeación y una filosofía de base. Y dentro de dicha filosofía considero que es fundamental el cambiar el tópico y dejar de producir empleados sin criterio, dependientes y autómatas, para empezar a formar personas creativas, felices, fecundas en lo artístico y lo intelectual, imaginativas y capaces de lidiar con los desafíos de la neoposmodernidad. Pero, insisto, el cambio debe ser asumido por todos los actores. Por ejemplo, la política educativa de la Constitución Nacional y de la Ley General (Ley 115 de 1994) se fue implementando en el país lentamente y ya se quedó caduca (en tanto que no garantiza 100% la formación de sujetos creativos) antes de lograrse implementar. Los rectores y directivos no fueron lo suficientemente proactivos a la hora de hacer sus Proyectos Educativos Institucionales, y siempre me dio la impresión que muchos sólo lo hacían por “cumplir”. Ahí está el gran problema de los colombianos. Nos hemos acostumbrado a “cumplir” solamente. Así es que en varios colegios los PEI han sido hechos de manera acrítica, o son meras copias de otros. Desgraciadamente se ha actuado más por temor al castigo, a las sanciones que puedan venir del Ministerio de Educación Nacional, que por verdadero ejercicio de reflexión sobre el quehacer pedagógico. Y los estudiantes no han asumido un rol activo. Y los padres de familia delegan en la Academia todo, y no aportan ideas ni esfuerzos en pro de una educación más activa. Tenemos que trabajar mucho si queremos transformar la escuela de arriba a abajo… La creatividad y el arte se han minusvalorado en el campo de la educación tradicional por varias razones: a) los programas de instrucción pública se hicieron pensando en alfabetizar y en adaptar ciudadanos a los medios de producción industriales, mas no en formar hombres creativos – inventores; b) desde el Romanticismo se le asignó un aura de irracionalidad al arte, y desde esa perspectiva, la educación -que siempre aspiró a la racionalidad científica- se enfocó en lo “racional” (matemáticas, lengua, química, física…) y descuidó lo que supuestamente era “irracional” (danza, música, estética, lúdica, dibujo, creación literaria…); c) el Iluminismo y el Enciclopedismo se centraron en la Razón, pero aún había racionalistas que eran buenos para el arte (como es el caso de Voltaire, un impecable filósofo pero también un excelente literato)…pero el golpe final al arte lo vino a dar el positivismo de Comte, en su obsesión por cuantificarlo todo, y en el neopositivismo ya vino un franco menosprecio por lo artístico, que se vio reflejado en los Planes de Educación elaborados a partir de 1920; d) los propios docentes minusvaloran muchas veces lo artístico: por ejemplo mi hermano, que es un guitarrista virtuoso, no tiene casi apoyo en su colegio y aún cuando tiene el permiso para dar un concierto afuera, los profesores de matemáticas y lengua castellana le ponen falla por inasistencia; e) los formadores de docentes, coordinadores y rectores también menosprecian lo artístico (es así como a los docentes mejor dotados les asignan materias como ciencias o matemáticas, y a los profesores novatos o menos preparados les dan las clases de arte); los mismos padres de familia, y la sociedad en general, desprecian lo humanístico y artístico. Es así que ningún padre se enfurece si su hija le comenta que desea estudiar Medicina, pero monta en cólera cuando le dice que desea ingresar a una academia de ballet; los padres están más dispuestos a patrocinar una carrera en la Facultad de Ingeniería que en la Facultad de Bellas Artes; la misma gente hace chistes y menosprecia al que es poeta, al que es músico, al pintor, al bailarín…Por eso insisto en que un cambio total en el sistema de educación debe también involucrar a la familia y la sociedad. El camino es lo importante en la educación: la experiencia, el cómo se hace, el aprender haciendo. La meta o el resultado es lo menos relevante. Eso lo sé además como médico psiquiatra y catedrático. Si se trata de dar resultados o datos, bien podría el estudiante quedarse en casa. En los libros, o en un documento de una página seria en internet se consiguen los mismos datos, y hasta más cantidad de datos. La belleza de la docencia está en permitir que el estudiante aprenda, en dejarlo aprehender como señalan Merani y De Zubiría (8,9), en permitirle vivir una experiencia fructífera, agradable y fecunda. Por eso es tan importante la didáctica. No basta enseñar unos contenidos. Se requiere tener en cuenta la personalidad del educando, sus aspiraciones, su contexto (personal, familiar, social, político), su estilo cognitivo, sus motivaciones, su estado de ánimo, el cómo aceptará determinados contenidos, etcétera (10). Es decir, el cómo enseñar, el cómo aprender, está relacionados con muchos otros factores (es decir, no se restringen al contenido curricular), y es adecuado que el buen maestro tenga en cuenta los factores arriba mencionados para permitirle al estudiante libertad creativa y aprender a su ritmo lo que en realidad le interesa. Es así que el sociodrama, el uso de elementos multimedia, el poner al estudiante a crear, a hacer (que pinte, que elabore diseños y maquetas, que escriba cuento o poesía, que exponga sus ideas de manera original y sin coacciones), el poner diversión a la clase, el hacer agradable el proceso, son herramientas que pueden ser útiles en nuestro quehacer cotidiano. Los niños se aburren en la escuela porque estamos fallando como sistema educativo. Para empezar, la sociedad no ayuda mucho al transmitirles (al menos en Colombia) que la educación no vale la pena. Me irrita cuando escucho a un padre de familia decirle a su hijo: “Eso para qué matarse estudiando, mire al compadre Luis, que tiene hasta doctorado y ahí trabaja como mula y no le dan nada en la Universidad…en cambio Sofía, su prima, que se metió a modelar desde chiquita, a ésa sí le va bien, le pagan un montón de plata”. O peor aún: “Míreme a mí, que sin estudios me compré este local, y ahora tengo más de diez locales y gano mucho más que un doctor de esos, y me va mejor porque gano más plata”. Yo pregunto: ¿tener felicidad es tener dinero?; ¿el éxito vital de alguien se mide por los millones de pesos que tenga?; ¿está el hombre para ser feliz, para realizarse existencialmente, o para producir dinero?; ¿es dinero valioso el dinero ganado por medio de la usura, de la estafa, de la reventa o del fraude? El contexto familiar y comunitario tampoco ayuda a hacer más divertida la escuela (o la Universidad, o el Instituto Técnico). Muy rara vez he visto (y no solamente en Colombia) que en el barrio, en la acera misma de su casa, el niño o el joven reciban un estímulo para su educación, o que tengan oportunidad de aprender jugando en su propio parque, en su propia cancha de fútbol. En distintas instancias he defendido que un país contribuye a la educación sólo si ofrece capital global a sus ciudadanos. Me encantaría encontrar algún día grupos de profesores, pagados por el Estado, que por medio de distintas dinámicas (juego, juego de grupo, sociodrama, composición, pintura, talleres de cuento o poesía) se integraran a niños y jóvenes y les abrieran un espacio para aprender de manera agradable y fluida, respetando los gustos, los intereses y los tiempos particulares de cada uno de ellos. Asimismo, un barrio seguro y tranquilo, en el que dicha escena no se viera interrumpida por atracadores, ni por jíbaros, ni por vecinos ruidosos y desconsiderados. De hecho, me encantaría que dicho parque tuviera infraestructura y salubridad adecuadas, y no que fuera un terreno abandonado, o peor aún, un sitio eriazo en el que se trafican psicotóxicos. En cuanto al cuerpo docente, creo que es sano hacer un ejercicio crítico y reflexivo. Nuestros niños se aburren porque están cansados de un parloteo monótono, frío y carente de emoción, o de ver a un profesor desmotivado que llega, pone un taller y sale enseguida del salón a tomar café con otros colegas mediocres. Nuestros niños se aburren porque ven a una profesora regañona y hostil, resentida con la Humanidad y llena de trastornos mentales, que descarga su agresión con ellos. Nuestros niños se aburren porque no les damos la oportunidad de aprender de manera agradable, porque no usamos los recursos lúdicos y didácticos que tal vez leemos en un libro pero nos da pereza aplicar. El estudiante que no se siente protagonista de su proceso de enseñanza-aprendizaje, inevitablemente se aburre. El estudiante al que no le parece relevante lo que está viendo, se aburre. El que se siente mal con su maestro (porque peleó con él, porque fue gritado o maltratado, o por motivos inconscientes, como que la profe se parezca a la mamá que le pega a menudo…) no solamente se aburre, sino que está en alto riesgo de desertar. El que está quieto, pasivo, que no encuentra felicidad en lo que aprende. *Médico Psiquiatra, Historiador, Escritor, Estudiante de Filosofía REFERENCIAS (1) Campos Vargas, D.A. Nuevo Milenio es Neopostmodernidad, Bogotá, 2013 (2) Vattimo, G. En torno a la posmodernidad, Barcelona, 1994 (3) Lyotard, F. La condición posmoderna, Barcelona, 1990 (4) Llinás, R. El cerebro y el mito del Yo, New York, 2004 (5) Not, L. Las pedagogías del conocimiento, México, 1994. (6) De Zubiría, J. Los Modelos Pedagógicos. Hacia una pedagogía dialogante, Bogotá, 2002 (7) Idem (8) Merani, A. Psicología y pedagogía, México, 1969 (9) De Zubiría, J. Los Modelos Pedagógicos. Hacia una pedagogía dialogante, Bogotá, 2002 (10) Villalobos, E.V. Didáctica integrativa y el proceso de aprendizaje, México, 2002 (11) Campos, D.A. Reflexiones a propósito de la nueva ley de Salud Mental en Colombia, Bogotá, 2013