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martes, 17 de enero de 2012

ALGUNAS REFLEXIONES GREMIALES

Por David Alberto Campos
Publicado en: Asociación Colombiana de Psiquiatría, Enero 2012

Es un placer constatar la organización y el dinamismo con el que algunos colegas, de manera corajuda y frontal, están haciendo valer sus derechos. Asimismo es satisfactorio el decidido apoyo que la Asociación les está brindando. Son profesionales que no pueden seguir siendo mancillados. Ahora, a propósito de su lucha, conviene que reflexionemos como gremio en torno a varios temas: ¿Nos atreveremos ya, de una vez, a formar un bloque unido?, ¿Lograremos hacer tomar conciencia a los dueños, administradores y directivos de clínicas y hospitales (y al país) de lo necesarios que somos?, ¿Conseguiremos superar la meramente dialéctico y concretar condiciones más humanas y agradables para el desarrollo de nuestro oficio?

Los recientes tires y aflojes en el marco de lo tarifario nos llevan a un punto ya por todos conocido, pero aún sin corregir: la mayoría de las instituciones prestadoras de servicios de salud están comandadas por personas a las que lo financiero les preocupa más que cualquier otra cosa. Y que piensan, haciendo gala de una ignorancia garrafal, que la única manera de reducir gastos es menoscabando los salarios de sus empleados. ¿Nos seguiremos quedando en silencio cuando, cínicamente, nos digan que "no hay dinero" cuando se llega al fin de mes y se nos atrasa, nuevamente, el pago?, ¿Continuaremos sin denunciar las irregularidades que se cometen a lo largo y ancho de Colombia, viendo cómo se dilapidan (o peor aún, roban) los recursos?

Pero el problema no se reduce a esos funcionarios (la mayoría no médicos, sino administradores) a los que lo humanístico les es casi ajeno, que no entienden las vicisitudes del quehacer diario de un galeno, y que subordinan todo (hasta la calidad en la atención) a lo estrictamente monetario.

La verdad es que lo que estamos viviendo como gremio (explotación, desprecio y/o desconocimiento de nuestras funciones, un trato institucional que nos lleva a una insatisfacción laboral cada vez mayor) está también relacionado con la forma en la que está moviéndose nuestra sociedad. ¿Cómo vamos a estar bien los profesionales en un país donde los cargos públicos son repartidos a dedo y la supuesta "meritocracia" sólo aplica para maniobras políticas, casi siempre nepotistas? ¿Cómo esperamos que sea reconocida la labor del psiquiatra cuando sólo un porcentaje de la población colombiana sabe lo que un psiquiatra es, o en qué consiste su disciplina?

De otro lado, en la medida en que se da la espalda a las Humanidades (aún dentro de las mismas Universidades) y se le rinde culto a las "ciencias duras" y, sobretodo, al utilitarismo económico, especialidades como la Psiquiatría se estrellan con un muro infranqueable. La psicoterapia y la belleza de nuestro arte quedan opacados (como la literatura, la filosofía o la teología) ante lo ingenieril, lo material y lo estadístico. He escuchado a algunos autoproclamados "científicos" insinuar inclusive que nuestra profesión no tiene asidero en el siglo XXI. Y advierto: si dejamos que el mundo vaya en esa onda, muy pronto podríamos estarnos enfrentando a la desaparición de nuestra especialidad, que bien podría ser absorbida, si se le reduce a lo netamente biológico, por la Neurología. Algunos creyeron "hacer científica" la Pisquiatría apostándole a una postura biologista a ultranza, en la que, persiguiendo la ilusión de hacer ciencia estadísticamente sustentada, se volcaron de lleno al modelo netamente farmacológico. ¿El resultado? La obvia farmacologización de los estudios, y (si no reaccionamos a tiempo) de la Psiquiatría misma. Nos dejamos (como gremio) meter el cuento que la psicoterapia era sólo labor de los psicólogos, que se nos remitía los pacientes sólo cuando estaban severamente enfermos o requerían hospitalizarse, que sólo estábamos ahí para formular un medicamento. ¡Grave error! Caímos a lo más bajo de la pirámide de especialistas. No solamente perdimos terreno en nuestro propio accionar terapéutico, sino que nos hicimos reemplazables en el ámbito laboral: si todo se reduce a formular un antipsicótico, un modulador del afecto o un antidepresivo, los directivos de las instituciones prestadoras de servicios de salud tienen un comodín: "fantástico, eso también lo hace un médico general, y un médico general cuesta menos". ¿Horroroso? Sí, pero, tristemente, lo he escuchado ya, a lo largo y ancho del país, y también en otras latitudes.

Lo anterior va de la mano con la desvalorización del psiquiatra, que pasó de ser un erudito que realizaba su trabajo de manera autónoma, sosegada y fecunda (el que crea que estoy haciendo una apología del pasado, puede leerse una biografía de Jung, Kräpelin o Bion para constatar que estoy en lo cierto: al margen de su escuela u orientación ideológica, el psiquiatra de antaño tenía mejor calidad de vida) a ser un asalariado (uso este eufemismo para evitar decir "un proletario productor de plusvalía para sus empleadores") limitado en su ejercicio profesional (limitado en recursos, en tiempo, en posibilidades diagnósticas y terapéuticas), cuando no un villano, al que cada vez más se le exige, se le estresa y se le demanda (y podríamos añadir: "se le agrede").


Además de esta encrucijada (asumir el papel de especialidad "mártir" que carga el injusto rótulo de "ciencia blanda" versus el papel de "ciencia pepiátrica" hecha para médicos en rol de asalariados), encrucijada que tiene además solución (no dejarnos meter ni en una casilla ni en otra), está el preocupante menosprecio que tienen los líderes de Colombia por la Salud Mental, la Psicología y la Psiquiatría. ¿Cómo es que la propuesta para un proyecto en Salud Mental que le hicieron ilustres miembros de la Asociación al Ministerio aún no se ha materializado? ¿Por qué se tocan en el Congreso temas tan sensibles para la opinión pública como la posibilidad de legalizar la adopción por matrimonios homosexuales, el posible aumento de penas para abusadores y pederastas, o la viabilidad jurídica de la pena de muerte, sin apenas tener en cuenta la opinión de los psiquiatras? ¿Cómo es que el alto gobierno elige un "Zar Antidrogas" y traza planes a este respecto, sin consideraciones médicas (no mediáticas, ni económicas, ni políticas)? Seguimos siendo un gremio invisible e ignorado, y eso sigue perjudicando a todo el país.

Otro punto a considerar: ¿en qué momento se perdió el respeto hacia los psiquiatras? Llegar a graduarse, como sabemos todos, requiere esfuerzos de toda índole, sacrificios que tristemente algunos gerentes y directores administrativos parecen ignorar. Es así como se nos paga mal el trabajo realizado (al menos institucionalmente): lo cierto es que muchos peluqueros y conductores de bus, y hasta vendedores de hot dogs, tienen más ingresos por hora. Y a ellos no los someten al estrés emocional que a nosotros nos toca, ni les suelen poner quejas ni querellas.

¿Podremos rescatar ese respeto hacia nosotros? Creo que sí. Y debemos empezar por nosotros mismos. Valorando nuestro trabajo. Hacer compatibles la grandeza de nuestra profesión y nuestra propia vida, es decir, llevando una vida honorable. Los médicos hemos sido premiados con una dignidad especial: igual que los maestros y los líderes espirituales, somos verdaderos formadores y modeladores de sociedad. Atendemos, educamos, servimos dentro de nuestras posibilidades, mejoramos la existencia de algunos de nuestros pacientes (o al menos la aliviamos, si es muy árida), interactuamos con la comunidad. Por eso mismo, debemos estar a la altura. Y exigir el respeto que merecemos. Me cuesta creer que, además de conformarnos con el rol de asalariados, tengamos que aceptar el que nos maltraten. Y no solamente directivos sin escrúpulos e instituciones con notorio ánimo de lucro, sino también los mismos medios de comunicación y algunos risibles (pero muy atendidos y publicitados) personajes de farándula, que son felices despotricando de la Psiquiatría sin siquiera conocerla.

Otro camino, también relacionado con la recuperación de nuestra respetabilidad y buen nombre, y que debemos emprender ahora mismo, es aquél que nos conduzca a equipararnos con las demás especialidades médicas. Y no solamente en cuanto a los salarios (que, de hecho, son claramente desiguales, y nos muestran, una vez más, que socialmente se percibe la salud mental como algo de menos valor que la apariencia física, o pregunten ustedes cuánto gana un cirujano estético), sino en cuanto al estatus que tenemos como especialidad. Me niego a creer que tengamos que seguir soportando el ser el "relleno" de los Congresos de medicina general, que tengamos que seguir siendo una especialidad mal vista hasta por los estudiantes e internos de medicina (pues no falta el que asegura que es una "rotación fácil" y que "no requiere esfuerzo") o que sigamos soportando el aplastamiento del humanismo por parte del mercantilismo.

En resumidas cuentas, tenemos que luchar. Y desde todos los frentes. Se requiere también un cambio social e ideológico en el país. Es imperioso que la nación entera empiece a apreciar mejor la Psiquiatría y a dimensionar el enorme beneficio que obtendría si le apostara al desarrollo humano, a la salud mental y a su propio capital social.

David Alberto Campos Vargas (Colombia, 1982)
Médico Psiquiatra y Psicoterapeuta
dalbcampos@hotmail.com