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domingo, 18 de diciembre de 2011

TANIA ES PELIRROJA, por Carlos Serrano

Cuchillo para postres, cuchillo para carnes, cuchillo con filo aserrado, cuchillo con doble filo para descamar pescados. No. Ninguno es.

- Sandra, ¿por qué estás revolviendo ese cajón?
- Mami, ¿dónde está el cuchillo con rueda, con el que haces las galletas? No lo encuentro.
- ¿Para qué lo quieres? ¿Vas a cocinar acaso?
- Ajá.
- Debiste decirme en lugar de desordenar la cocina. ¿Le vas a hacer galletas a tu compañera? Ya debería haber llegado. ¿Cómo se llama?
- Tania.
- Ni siquiera has empezado a preparar la masa y te pones a perder el tiempo buscando el cuchillo. Mira, en este cajón de arriba. ¿Sabes dónde está la harina?
- Ajá.
- Bueno, te dejo para que no pierdas tiempo. Esa niña ya debe de estar llegando.
Cuando termines pon todo como estaba. No quiero que me dejes este desorden. ¿También va a venir Rodrigo?
- No, a él no lo invité.
- ¿Por qué? Tú siempre quieres jugar con él.
Sandra mira el cajón de los cubiertos y lo cierra.
- Hoy no tuve ganas.
- Como quieras. Me voy a cambiar. Me da curiosidad conocer a esa niña... ¿Tania?
- Ajá.
- Todo el mundo me dice que tiene un cabello precioso. ¿A ti te parece bonita?
- Mmm, sí. Es pelirroja.
- Ah, habrá que verla. Voy a estar en mi cuarto. Cuando llegue, avísame.

Sandra se queda quieta hasta que oye cerrarse la puerta. Corre hasta su cuarto, entra sin hacer ruido y pone el seguro. Mira a Tania.

Le ha puesto una mordaza y le ha amarrado las manos y los pies con cordones de zapatos. La niña pelirroja mira temblorosa a Sandra, quien tiene en las manos un cuchillo de pastelería.

Sandra le recoge todo el cabello en un moño y lo sujeta con una mano. Con la otra, con mucho cuidado, toma el cuchillo con rueda y empieza a cortar por la línea de la frente, sin salirse del borde, doblando por la sien hacia abajo, dando la vuelta por encima de la oreja, rodeando la nuca y volviendo por el otro lado hasta la frente. Ha hecho un corte profundo y la cabeza de la niña no para de sangrar.

Luego mete los dedos por la herida de la frente y haciendo fuerza empieza a arrancar el cuero cabelludo, desprendiendo la piel del músculo, enrollándola hacia atrás, hasta que sale toda.

Ya está. Rodrigo nunca volverá a mirar a Tania.

Carlos Arturo Serrano Gómez (Colombia)