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jueves, 23 de diciembre de 2010

COLOMBIA Y EL MUNDO DEBEN APOSTARLE A LA ECOLOGÍA

Siempre hemos insistido en la necesidad de unas políticas responsables, progresistas pero también respetuosas del entorno. Pero nos han desatendido. Muchos se han hecho los sordos a nuestras peticiones, que son ya súplicas, ante los desastres naturales que se están viviendo: desastres que son consecuencia del cambio climático y otras reacciones que nuestra Madre Tierra presenta ante los descalabros y las agresiones que recibe de parte nuestra especie.

Por eso protesto ante la inmoral conducta de los que nos contaminan, y no hacen nada para evitarlo. Por eso protesto contra los gobernantes, indiferentes a los reclamos de los jóvenes, las advertencias de los científicos y las propuestas de las organizaciones ecologistas. Y, en especial, contra aquellos países que egoísta e irresponsablemente han empujado a los demás al borde del abismo: naciones industrializadas sin conciencia social ni conciencia ecológica, como Estados Unidos y China, que, en su restringida visión, sólo piensan en las ganancias inmediatas y no prevén el suicidio colectivo al que están llegando.

No estamos solos. Como seres humanos, hemos actuado de manera irresponsable contra otras especies y contra el mismo planeta que habitamos. Hemos extinguido, maltratado y asesinado millares de seres vivientes. Y, en esa tanática actividad, la destrucción se está volviendo en contra nuestra. Ahí están las inundaciones y sus damnificados, las nevadas y sus muertos, las sequías, el efecto invernadero, el aumento de cáncer de piel en la población mundial, y otras muchas desgracias que los seres humanos hemos provocado (y, en especial, los industriales sin escrúpulos y los países supuestamente "desarrollados" que con sus políticas de industrialización irresponsable y sin conciencia ecológica nos tienen en jaque a todos los demás habitantes de la Tierra).

Es hora de un cambio. ¿Nos asusta el panorama apocalíptico que nos espera? ¿Nos conmueven las muertes de miles de personas en todo el mundo? ¿Nos duele ver el planeta devastado? Pues manos a la obra.

Veo con optimismo que los gobiernos de 193 países, acordaron recientemente aumentar las metas de recorte de emisiones de gases contaminantes (los mismos que producen el efecto invernadero). Pero me preocupa (como le preocupa a usted y a su familia, como nos debe preocupar a todos los seres humanos) que dichos acuerdos internacionales van a paso muy lento, demasiado lento para la apremiante situación que vive el planeta. Y me angustia que siempre haya naciones que irrespeten dichos acuerdos.

Es mandatorio que todos los ciudadanos y todos los gobiernos le apuesten a la reducción de emisiones. Es imperativo que todas las naciones le metan el hombro al cuidado del planeta. La anterior cumbre de Copenhague fue una desilusión para muchos, puesto que varios países, a los que ya podemos llamar homicidas, se negaron a modificar sus políticas de producción y se pasaron por la faja lo acordado en Kyoto. Entre esos países se encuentran los principales contaminadores: Estados Unidos, China, India, Rusia y Brasil, países que tradicionalmente han sido reticentes pero que ahora deben alertarse y cooperar: al fin de cuentas, también se están perjudicando ellos. La cosa nos ya un problema económico y de competencia de mercados. Se trata del futuro de la Humanidad.

No basta que los Estados parte del Protocolo de Kioto acepten proseguir las negociaciones para un segundo período de compromiso antes de que el tratado vinculante expire a finales de 2012. No! Están tardando demasiado! Deben acelererar la cooperación y hacer los cambios de inmediato!

En ese sentido, si bien el llamado "Acuerdo de Cancún" por primera vez crea una convergencia entre las dos vías que han guiado las negociaciones internacionales en materia de cambio climático, y los documentos aprobados en Cancún amplían el contenido del acuerdo de la anterior cumbre en Copenhague, hace falta un acuerdo vinculante Y QUE CUMPLAN TODOS LOS PAÍSES ahora mismo.

Espero que en la cumbre de Durban en 2011 esa paquidérmica lentitud, esa mezquindad de los países que más contaminan, esa burocracia que se desgasta en reuniones anuales pero no actúa con la eficiencia que las urgentes circunstancias exigen, se transformen en una realidad de genuino compromiso con el planeta.

David Alberto Campos Vargas (Colombia)