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domingo, 22 de agosto de 2010

Poema a Tiberio, el emperador maldito

Ave, anciano césar.
No huyas de ti mismo:
Cierto es que tu reflejo asquea,
Pero has dado lo que podías.

La púrpura imperial se ha tornado escarlata:
Terminaste amando lo que tanto temías
Terminaste odiando lo que amabas
Temiendo lo que odiaste siempre.

Descansa, anciano césar. El sufrimiento es injustificado
Y de todas formas te condenará la Historia.

No bastó la isla.
También allí
Se cocinaron delaciones
Se maquinaron golpes
Se derribaron ilusiones
Se mancillaron doncellas
Se te hizo más aborrecible el mundo.

La verdadera isla estaba en otro lado:
Así lo viste siempre, oh astrólogo,
Pero no te atreviste a dar el salto.

Debiste haberte ido del mundo
Cabalgando hacia tu amado Druso
Y acaso habrías probado
Algo del Paraíso que tanto te intrigaba:
El Paraíso del que habló
El profeta que crucificaron
Mientras tú lidiabas con tu propio crucifijo.

Has vivido.
Has enterrado rivales, amigos.
Estás solo
(Siempre lo estuviste)

Vuelve, Tiberio.
Mírate al espejo.
Que la fealdad no te espante:
Algo hay en tu espíritu
Que se mantuvo bello, pese a todo.

Tranquilízate, césar.
Que el reflejo no te aflija.
¿Lo ves? ¡Ahí estás!
El espejo es el Pasado:
Eres joven de nuevo.
La enojosa calva ausente,
El cuerpo atlético, la mente lúcida.
Batallas. Guerreas para olvidar, para huir de ti mismo.
El olor de la sangre te distrae.
¿Mujeres? Algunas, pero en general abyectas:
Tan distintas a tu Vipsania amada
Que nunca más verás en ellas cosa dulce.
Trabajas por un Imperio
(¿El tuyo?, ¿El de quién?)
Arriesgando tu vida
El sol, la lluvia
Son el pan de cada día
Y la lejana Roma es casi un sueño.
Te casan a la fuerza. Una princesa disoluta
Es el nuevo tormento de tu atormentada psique.
Vas a Rodas: acaso los retóricos
Tengan mejores cosas que contarte.
Acaso la gramática te muestre un universo
Más equilibrado, menos frágil, menos infame.
Escribes poesía y aprendes de los ritos
Que te unirán a los muertos de otra forma.
¿Suerte? Desaparecen contendores y querellas.
El emperador te llama. De nuevo en la corte.
Y de nuevo en la lucha, pero ya no está tu hermano:
Fantasearás que a sus asesinos los atraviesa tu espada
Mientras acumulas odio y triunfos.
Augusto muere. Otro favor de aquella que desprecias.
¿Gloria? ¿Será tuya al fin la gloria, resentido?
¿Será la misma gloria de Augusto?
No lo sabes, y lo sabes,
Lo intuyes. Lo aborreces.
Los astros te han hablado, y también los hombres.
Conoces los cielos y sus confesiones.
Conoces cortesanos, armas, corazones:
Sabes de intrigas, homicidios, injurias,
Maniobras, espejismos, traiciones…
Y presientes el final infausto
Pese al horóscopo optmista:
La gloria será carnicería.
La gloria será tu paradoja.
Te sentirás impotente bajo la corona
Y añorarás tus días en Grecia.

Vuelve, Tiberio.
Que la fealdad no te espante.
Mírate al espejo:
Perversión, clarividencia,
Orden, crueldad, disciplina…
La verdad y la mentira
Son una misma cosa.

Cuando eras soldado quisiste ser político,
Cuando fuiste político quisiste ser poeta,
Cuando buscaste el poder se te hizo esquivo,
Cuando huiste del poder, vino a buscarte.
Pero gobernar legiones es más fácil,
La estrategia en la urbe es más incierta.

Vuelve, Tiberio.
Sé de tus desilusiones,
Comprendo tu hastío.
Pero si un hijo envenenado era motivo suficiente
No debiste soltar el timón como lo hiciste.

Siempre una isla. Y siempre los fantasmas.
La vida misma un laberinto.
Un Imperio sin cabeza
Mientras ruedan las cabezas de inocentes.

Vuelve, Tiberio.

Roma quería orden…
Pero un orden más humano
(Gobernar con puño de acero
Hace aparecer garras
Donde antes hubo manos).

Oh, anciano césar, has sido luz y noche.
Has sido bestia y ángel.
Por eso no dejaste
Que te hicieran dios los zalameros:
Sanguinario, pero jamás hipócrita.

Vuelve, Tiberio.
Tu muerte está próxima.

Fuiste gentil y avaro,
Valiente y alevoso,
Reprimido y depravado,
Guía y confusión,
Sol entre las sombras.
(Ni siquiera Trasilo predijo
Lo que habrías de ser, Tiberio)

Ven, suelta ya ese anillo.
No lo espera Claudio.
No lo espera nadie, Tiberio,
Porque el poder es una carga.

Ven, corre, aléjate de ese mundo
Que tanto repudiaste.
Ya Calígula ha ordenado tu muerte,
Así que más te vale morir ahora mismo.

Vuelve, Tiberio
Al mundo de Platón
Que tú también soñaste.

David Alberto Campos Vargas (Neiva, 1982)